Poesía amorosa completa, con una sugestiva introducción de Sam Abrams, constituye un espléndido recorrido por la obra de Margarit a la vez que una elocuente propuesta de poemas “revividos” en castellano por el autor. Margarit, que cuenta con plausibles traducciones de Antonio Jiménez Millán, Luis García Montero, José Agustín Goytisolo, Pere Rovira o Justo Navarro, ofrece ahora su propia versión sacrificando aciertos ajenos en aras de la autenticidad. Porque es ésta el estímulo generador de su poesía, sin mengua del necesario simulacro de voces y efectos de verdad esenciales para implicar al lector.
A lo largo de 170 poemas el poeta traza su personal “historia del corazón” y una guía de lectura de sus tonos, temas y registros. Porque en esta poesía hay gente, personajes que viven en nuestra historia común y que toman la palabra para hablar de muy variadas moradas del sentimiento, como algo histórico, sin apriorismos ni concesiones, matizado por la constancia del vivir, en equilibrio entre el desengaño y el vitalismo: “hablemos del amor aunque las rosas/tengan que terminar siempre en la basura”.
El concepto de amor que ofrece este conjunto es muy amplio: no sólo es la relación amorosa a lo largo de las sucesivas edades de los protagonistas. Para tener un sentido hondo el tema amoroso requiere completarse con el tratamiento dimensionado de otras formas del amor -y del dolor, y de la soledad: lo que convoca el recuerdo ante la muerte de los padres; las relaciones con los hijos, en especial Joana, cuya seria minusvalía introduce los registros más patéticos de toda la contenida poesía de Margarit; los amores fugaces o irrealizados; la amistad, en fin, en forma de homenajes, retratos, testimonios y despedidas.
Una de las mejores cualidades de Joan Margarit es la capacidad de conseguir que una poesía tan ligada a su biografía resulte compartible y que los descubrimientos y las perplejidades resultantes del acto poético alcancen a suscitar los del lector. A ello contribuye la sobria y a menudo áspera meditación que se plantea en registros comunes de lenguaje, en una rica referencialidad metafórica a realidades cotidianas de muy diverso nivel y la implacable revisión de los valores y las imposturas íntimas de unos personajes verosímiles que desean, sufren y tratan de sobrevivir y que se expresan en muy distintas voces de hombres y mujeres.
La voz que unifica esta polifonía es la de un Joan Margarit que pide cuentas a su propia conciencia en tránsito por una geografía minuciosa de nombres (familiares, amigos, poetas, filósofos, músicos de jazz....), en espacios vividos o fantaseados, calles sórdidas de suburbio, cafés antiguos, ciudades transformadas por el recuerdo, el refugio precario del hogar, la topografía secreta de los amores y vilezas, las playas perdidas de tantas ilusiones... “Amor y tiempo”: la vida y la poesía de un personaje que en el atardecer de la existencia asume las derrotas de la edad y usa esas enseñanzas como un arma a favor de la vida, a favor del amor, que se acrecienta “a manos del feroz estimulante/que es la clara certeza de la muerte”.
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